<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8354944451153041291</id><updated>2012-02-18T18:41:04.235-03:00</updated><category term='caca'/><category term='perros'/><category term='alarmas'/><category term='Rosario'/><category term='convivencia ciudadana'/><category term='tímpanos'/><category term='ciudadano'/><category term='autos'/><category term='ciudad'/><category term='superhéroe'/><category term='superpoderes'/><category term='mascotas'/><category term='ombudsman'/><title type='text'>Arto D’Toddo</title><subtitle type='html'>Cuando la ciudad parecía librada al azar de los políticos corruptos, la policía viciada y un discurso social donde prima el “me ne frega el prójimo”, llega Arto D’Toddo: el ombudsman enmascarado que buscará (o intentará al menos) propiciar la convivencia ciudadana.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://artodtoddo.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://artodtoddo.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Marisali</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15683264906343865593</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_pLA4HvKK9DU/R5KvfUxsfKI/AAAAAAAAAAc/OlxH6Y7tsNQ/S220/DSC00548.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>5</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8354944451153041291.post-3899624112075450534</id><published>2008-10-28T07:32:00.000-02:00</published><updated>2008-10-28T07:34:48.528-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superhéroe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciudad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='autos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='tímpanos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='convivencia ciudadana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='alarmas'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciudadano'/><title type='text'>Capítulo 5 – Alarmando al ciudadano</title><content type='html'>Justo cuando lograba captar la atención de la rubia que estaba en la barra, justo cuando había aceptado tomar una caña legui conmigo (yo no tomo alcohol, pero ante la rubia que ahora parecía pelirroja había hecho una excepción), justo cuando empezaba a sentir cuatro manos acariciándome (había aparecido una morocha de pelo enrulado y ojos verdes) empezó a sonar esa maldita alarma que me arrancó de cuajo de mis ensueños y no me dejó disfrutar de la ilusión de ser el Rey Seductor. Me negaba a entregarme a las garras de la realidad, no en ese momento en que por primera vez varias mujeres se disputaban mi atención. Enterré mi cabeza bajo la almohada pero la alarma sonaba escandalosamente fuerte. Ululaba, ululaba, ululaba sin parar. Yo luchaba por mantenerme del otro lado del sueño, retener el hilo del mundo inmaterial, pero no había caso. Se me escurría como el agua entre los dedos. El estruendo no me permitía oír lo que me decía la rubia al oído. Me desesperaba por convencerlas de que me acompañaran a un lugar más tranquilo pero ellas parecían saber que el ruido nos seguiría a todos lados. El colmo fue cuando las chicas me rechazaron con un ademán de desprecio y se fueron con un musculoso que bajaba de un descapotable mientras les decía: “Tranquilas, chicas, mi alarma es silenciosa”.&lt;br /&gt;Quedarme solo fue desesperar. Sin medir las consecuencias agarré la escopeta que tenía debajo de la cama y sin constatar si estaba o no cargada saqué el caño por la ventana y disparé seis tiros seguidos al auto que escandalizaba al barrio. Sentí los vidrios rotos, sentí el golpe de mi cabeza contra la pared y sentí que la alarma seguía sonando. Fuerte y claro. Fue entonces cuando desperté del todo y vi el desbarajuste que había armado. Ahí no había rubias, ni caña legui, ni descapotable: el paraguas haciendo las veces de escopeta había golpeado el espejo de la cómoda, lo había roto y del susto me había dado la cabeza contra el respaldar de la cama. Y la alarma, afuera, sonaba y sonaba. &lt;br /&gt;No soy supersticioso pero no me gustó nada lo del espejo roto. Había empezado a dolerme la cabeza y no lograba conciliar el sueño. Probé diferentes métodos: tapones en los oídos, cinta adhesiva en las ventanas, improperios lanzados al azar dirigidos al dueño del auto cuya alarma no paraba de sonar. Aullaba como un gato en celo. Algunos vecinos siguieron mi iniciativa de gritos y protestas, pero nada conseguía acallar a esa maldita alarma. “A esta altura, ya se podrían haber robado el auto tranquilamente porque lo que es el dueño, ni enterado” pensé, aunque casi ni escuchaba mis pensamientos. Hacía ya 40 minutos que la alarma no paraba de sonar. Decidido a no poder conciliar el sueño me vestí con intenciones de ir a la farmacia más cercana en busca de un paliativo para mi dolor de cabeza. &lt;br /&gt;Apenas bajé me detuve unos minutos frente al cuerpo del delito: un WV Polo, verde oscuro, vidrios polarizados, gauchito gil colgando del espejito. Inmutable, el auto seguía ululando en sus distintos pitidos insulsos. Niru, niru, niru. Ua ua ua. Iu iu iu. Ajeno a los transeúntes que a su vez, pasaban ajenos al griterío electrónico. No alcanzaba a entender la escena: soy un Superhéroe y tengo mis sentidos alterados, híper sensibilizados. Pero puedo comprender perfectamente cuál es el nivel auditivo medio de la ciudadanía. ¿Es que a nadie parecía molestarle el insoportable ruido de esa alarma?&lt;br /&gt;Memoricé los datos de la patente como si con esa información pudiera hacer algo. Bueno, tal vez podía. Denunciar, por ejemplo, al dueño del auto por “abandono de vehículo en pleno ataque histérico del móvil”. Pero para eso tenía que encontrar una Sociedad Protectora de Automóviles Abandonados, que no dudaba que existiera, sólo que no estaba seguro de que tuvieran una filial en la ciudad. &lt;br /&gt;La farmacia estaba a tres cuadras. Sólo tres cuadras en las que para mi desgracia me crucé con otros tres autos que sonaban a troche y moche como en un carnaval. Y una vez más, nadie aparecía corriendo ante el inminente atraco, nadie acalorado temiendo hallar un cuadro desagradable. Como un ingrediente más del paisaje, como las palomas de la plaza, como los arbolitos que cambian dólares, como el cieguito que canta canciones de Arjona, las alarmas parecían ser la música de fondo de la vida cotidiana de la ciudad. &lt;br /&gt;Describo la postal a grandes rasgos: mi cabeza estaba a punto de estallar y el sonido ululante me atravesaba el cráneo; un Ford Falcon que sonaba a mi lado estaba escoltado por dos perros callejeros que ladraban a ritmo de la alarma; una mamá que se paró cerca de mí para cruzar la calle no conseguía acallar el llanto de su vástago, un bebé de pocos meses que gritaba tan fuerte como Gina María Hidalgo. Tal vez por todo eso junto comprendí que alguien tenía que hacer algo al respecto. Y ese alguien era yo. &lt;br /&gt;- ¡¡ C´est inconcebible !!- grité saturado, al borde de la histeria. Pero entre tanto barullo nadie pareció escuchar mi aullido.&lt;br /&gt;Aturdido, me encerré en mi taller-oficina (afortunadamente la alarma de abajo había parado de sonar) y comencé con los bocetos de mis ideas. No fue fácil: nunca había hecho algo semejante. Para ser sinceros, el campo de las ideas no era mi especialidad, lo mío fue siempre más una cuestión de cumplir órdenes, rescate a aquella señora, impida tal atraco, escolte a tal ministro. Pero esto de pensar no era lo mío. Por eso tal vez las ideas que iban surgiendo no eran de lo más ingeniosas. Repaso aquí sólo algunas de las posibilidades. &lt;br /&gt;. Exigir el derecho del ciudadano a apedrear el auto en cuestión luego de 10 minutos de estar sonando ininterrumpidamente y sin que aparezca su dueño; invocando el derecho de igualdad: “Si el auto me rompe los tímpanos, yo rompo el parabrisas”. Pero consideré que esto podía traer más problemas ya que alentaba a los violentos de siempre. Y yo debo bregar por la no violencia, ya casi lo había olvidado. &lt;br /&gt;. Identificar el auto alarmante de manera tal de que el dueño tuviera que pagar una multa, más abultada mientras más minutos sonara. Esto obligaba a estar muy atento y establecer un sistema de conteo de minutos que fuera preciso y justo tanto para el damnificado como para el damnificador. Lo descarté por difícil de implementar. &lt;br /&gt;. Propiciar Ringtones personalizados para alarmas de autos. Había llegado a la conclusión de que, al ser todas las alarmas iguales, nadie hace caso de ellas ya que piensan: “A mí no me va a pasar, le estarán robando el auto al boludo de al lado”. Con este sistema, cada auto tendría una alarma personalizada de manera tal de que, al sonar “Rapsodia bohemia” su dueño saldría disparado sabiendo que es el suyo. Y nos regalaría a todos una bonita canción en lugar de ese ulular intolerable. Sólo que… el cancionero popular también incluye músicas de dudoso gusto y tal vez escuchar “Voy a comerte el corazón a besos” o “Bombón asesino” una y otra vez podía ser más nocivo aún que las alarmas actuales. Descarté entonces esta posibilidad por intolerancia musical. &lt;br /&gt;. Exigir el derecho a pinchar una rueda del auto cada 10 minutos de alarma sonando. Esto obligaba a ir munido de herramientas adecuadas ya que los neumáticos de hoy no soy así nomás de blanditos. Y estimulaba el espíritu vengativo y la violencia mencionada en la opción 1. También descartada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Revisé libros, navegué por internet, consulté Billiken, pero no daba con ninguna solución para el flagelo de las alarmas. De pronto sonó el celular con un mensaje de texto y mientras insultaba a la compañía por mandarme promociones se me iluminó la mente. La alarma del auto debía estar conectada de tal forma que contactara al dueño a su celular. El ulular insoportable sonaría entonces sólo para el dueño y para nadie más. Podía agregarse una especie de advertencia para el posible atracador del auto (si es que había uno, ya que en ningún caso en que escuché una alarma sonando vi ningún sospechoso a 100 metros a la redonda). Algo así como una pequeña descarga eléctrica o un calor extremo que produjera quemaduras sólo en grado 1. Pero luego pensé en esas señoras que olvidan desactivar la alarma y las imaginé con el peinado chamuscado, desesperadas por atender el celular pensando que quien las llama es el personal trainer; y concluí que era una medida demasiado peligrosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dudas la propuesta debía ser mejorada pero aún así me parecía mejor de lo que existía en el mercado. Ilusionado, preparé un powerpoint con las etapas del proyecto, me vestí con un traje que tenía guardado del casamiento de mi primo y salí a ofrecer la brillante novedad al mercado.  Recorrí negocios, empresas de alarmas, concesionarios de autos. Todos se rieron de mi propuesta y hasta pensaron que intentaba venderles celulares. Fui a las compañías de teléfonos móviles, pero pensaban que quería venderles autos. Nadie se hizo eco de mi proyecto. Desahuciado, luego muchos intentos estériles, acepté mi fracaso. &lt;br /&gt;Sólo cuando vi por televisión el aviso de “Alarma Atento. Te avisa sólo a vos, y todos contentos” entendí que mi idea había sido vilmente robada y más aún, perfeccionada. No utilizaban celulares sino un aparatito especial que hacía las veces de Mp3, radio, linterna y afeitadora. Sentí ira ante la injusticia pero recordé que mi misión en la tierra distaba de  hacer negocios o ser famoso. Mi tarea es hacer la vida cotidiana un poco más llevadera. Nunca me reconocieron la autoría intelectual y no vi un solo centavo de la abultada facturación que le significó a la empresa. Pero no me importó. La calle estaba ahora un poquito más tranquila, los autos más silenciosos, los transeúntes sonrientes. Satisfecho observaba la escena sentado en un bar del microcentro. Pero otra postal comenzó a resultarme perturbadora. Todavía quedaba mucho por hacer. &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;[Continuará]&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8354944451153041291-3899624112075450534?l=artodtoddo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://artodtoddo.blogspot.com/feeds/3899624112075450534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8354944451153041291&amp;postID=3899624112075450534' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/3899624112075450534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/3899624112075450534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://artodtoddo.blogspot.com/2008/10/captulo-5-alarmando-al-ciudadano.html' title='Capítulo 5 – Alarmando al ciudadano'/><author><name>Marisali</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15683264906343865593</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_pLA4HvKK9DU/R5KvfUxsfKI/AAAAAAAAAAc/OlxH6Y7tsNQ/S220/DSC00548.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8354944451153041291.post-6535495329316967369</id><published>2008-09-22T21:32:00.004-03:00</published><updated>2008-10-13T23:53:46.841-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superhéroe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superpoderes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caca'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='perros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='convivencia ciudadana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mascotas'/><title type='text'>Capítulo 4 - A grito pelado</title><content type='html'>Mi paciencia tiene un límite. Y aunque en mi caso llego a tener una Súper Paciencia, también llegó a agotarse. “Si no la entienden por las buenas, será por las malas”, pensé mientras se dibujaba en mi rostro el semblante de un Lucifer enardecido. La venganza estaba tomando forma. Deseché las estrategias más arriesgadas por no estar entrenado aún en la conducta de la rebeldía exacerbada: ideas tales como hacer bonitos paquetitos y devolverle a los propios dueños lo que su mascota había dejado, o limpiar el desecho del animal que quedaba adosado a mis alpargatas en cada una de las veredas de sus dueños. Incluso llegué a pensar en buscar perros adiestrados que defecaran en los jardines de los dueños pero esta tarea hubiera insumido demasiado trabajo de inteligencia y seguimiento que por el momento estaba fuera de mi alcance. Decidí inspirarme en los programas de la televisión actual y apelar al escándalo. &lt;br /&gt;Volví al parque un domingo de sol a las tres de la tarde y me senté en un banco a mirar el panorama. Dejé mi bolso cerca sin despertar sospechas. Activé mi VUZ (Visión Ultra Zoom) que hacía tiempo tenía desactivada (el oculista me había recomendado no abusar de ella porque me provocaba grandes dolores de cabeza) y comencé a detectar víctimas. &lt;br /&gt;La primera fue una señora vestida de punta en blanco acompañada de un bello ejemplar canino, pelos blancos al viento (el perro) que parecían ir al mismo ritmo que los cabellos de su dueña. No necesité acercarme porque lentamente ellos vinieron hacia mí (yo me había camuflado de inofensivo jubilado depresivo) y en el momento exacto en que la rubia se dio vuelta para alejarse hablando por celular mientras su perrito tiraba tierra con las patas traseras sobre el promontorio de caca, saqué mi instrumento letal en una maniobra digna del mejor superhéroe. Con voz clara dije por el megáfono: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Parece que la señora del jogging blanco, cabello rubio, zapatillas rosas y dueña del afgano se olvida de levantar la caca de su perro! ¿A ustedes les parece bien? – vociferaba a grito pelado mientras giraba el megáfono de izquierda a derecha tratando de captar a cuantos ciudadanos pudiera. - ¿No hay nadie que le avise que se olvida algo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rubia ni se había enterado. Seguía hablando por su celular. Pero la gente comenzó a interesarse en lo que parecía el juego de un viejo chiflado y comenzó a hacerse eco de mi reclamo. A su modo, claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Eh, rubia ortiba, levantá la mierda de tu perro!&lt;br /&gt;- ¿Querés que te limpie el popó, mamita?&lt;br /&gt;- ¡No seas cagona, rubia! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya era imposible que la rubia se hiciera (más) la tonta. Con la cara inflamada de vergüenza admitió que no se había dado cuenta de lo que había hecho “Pampita” y que “no traje nada para limpiar”. Ni lerdo ni perezoso le acerqué una de mis bolsitas que ahora fue muy bien recibida y que sirvió para que la señorita levantara el regalito de Pampita acompañada del aplauso estrepitoso de la concurrencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aproveché el tumulto para alejarme y repetir el espectáculo en otros escenarios, siempre con el mismo éxito. Entre otros, fueron participantes involuntarios un señor barbudo, pipa y tiradores; dos jovencitas de minifalda y ortodoncia; una señora de pantalones de leopardo y remera que decía “I love NY”; un muchacho con aspecto rudo, campera de cuero y un tatuaje con la cara del Diego. La operación fue un rotundo éxito. Si hasta intentaron levantarme en andas como una estrella de rock. Logré zafar sin perder mi anonimato. Repartí las miles de bolsitas con folleto adjunto entre la multitud y me fui contento a descansar a casa. Por la noche, el resumen del noticiero dominical hablaba de un extraño personaje que había aparecido en distintas zonas de la ciudad y que de la mano del ridículo logró encauzar a muchos ciudadanos que se negaban a cumplir con sus obligaciones. No quedaba muy claro si el ridículo era una herramienta o me llamaban ridículo a mí. Tampoco me gustó el tono burlón con el que me llamaron “justiciero de pacotilla” pero en cambió si aprobé la campaña que durante la semana siguiente apareció en los medios y que surgió espontáneamente de los ciudadanos. Aparecieron carteles, consignas y hasta remeras con frases como: “No te hagas el boludo, levantá la caca”. Admito que hubiera preferido algo más poético, pero algo es algo. Hasta el concejal Boasso, siempre atento a las necesidades del pueblo (y en este caso de los perros del pueblo) llegó a presentar un proyecto de ley para penar con 6 meses a 2 años de cárcel a los dueños de perros (o en su defecto a los mismos perros) que sean pescados in fraganti al momento de la defecación (del perro) dejando las heces en el lugar. Me pareció un tanto excesivo pero decidí que ya no era terreno de mi incumbencia. Mi tarea estaba cumplida, el tema instalado y mi orgullo de superhéroe al servicio de la comunidad restablecido. Decidí tomarme una larga siesta para reponerme de tanta euforia. Pero un ruido ensordecedor alteraría mi descanso por largo rato….&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[continuará]&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8354944451153041291-6535495329316967369?l=artodtoddo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://artodtoddo.blogspot.com/feeds/6535495329316967369/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8354944451153041291&amp;postID=6535495329316967369' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/6535495329316967369'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/6535495329316967369'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://artodtoddo.blogspot.com/2008/09/captulo-iv-grito-pelado.html' title='Capítulo 4 - A grito pelado'/><author><name>Marisali</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15683264906343865593</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_pLA4HvKK9DU/R5KvfUxsfKI/AAAAAAAAAAc/OlxH6Y7tsNQ/S220/DSC00548.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8354944451153041291.post-1840860451847748444</id><published>2008-08-18T21:45:00.005-03:00</published><updated>2008-11-03T22:51:12.404-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superhéroe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superpoderes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caca'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='perros'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='convivencia ciudadana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='mascotas'/><title type='text'>Capítulo 3 – Qué suerte ni qué ocho cuartos.</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; 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Quería sentirme parte del espectáculo del mundo, ser un engranaje necesario en la maravilla del acontecer cotidiano. Quería pisar el suelo firme y sentirme parte del universo… pero en cambio, sentí un deslizar inesperado bajo mis pies que me desequilibraron: había pisado caca de perro. Patiné sobre una de mis alpargatas y caí sentado en el césped. Y como si esto fuera poco, al caer apoyé mi mano en otro de estos “regalitos”, aunque en este caso parecía llevar más días a la intemperie y presentaba una consistencia menos untuosa. Mi primer impulso fue lanzar un improperio del tipo “la reput…sima madre... etc” pero el abultado número de transeúntes que caminaba, trotaba y bicicleteaba por el lugar me contuvo. No obstante mi silencio, unos muchachones con los pelos pegados al rostro y cadenas en lugar de cinturones, se dedicaron a reírse de mi desgracia al grito de: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"  style="text-align: justify;font-family:verdana;"&gt;- Aguante viejita, te trae suerte!&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="verdana" style="text-align: justify;"&gt;- Qué suerte ni qué ocho cuartos!. Suerte para vos que no la pisaste, imberbe-&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;pensé para mis adentros mientras trataba de incorporarme con la mejor cara de aquí no ha pasado nada, esto sucede todos los días, peor la pasan los refugiados de medio oriente y ese tipo de cosas espantosas que uno piensa para sentirse menos estúpido. Pero la señora que venía bamboleando unas bolsas del Coto aprovechó para meterme fichas: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" face="verdana" style="text-align: justify;"&gt;- Esto es inconcebible. &lt;span style="" lang="EN-US"&gt;In-con-ce-bi-ble. &lt;/span&gt;Qué les cuesta limpiar lo que los perros ensucian. Eso no le sale más, directo a la basura– exageró mientras señalaba mi alpargata de carpincho que yo refregaba contra el pasto con la intención de quitarle el excedente fecal–. Si la gente fuera un poco, un poquitito más responsable– enfatizaba el “poquitito” uniendo los dedos de la mano derecha al tiempo que los sacudía cerca de la cara como sonajero roto- sería una ciudad tan linda… &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;La señora siguió con su soliloquio mientras continuaba su camino. Yo me quedé como embobado viéndola alejarse, con sus palabras retumbando en mi cabeza, la alpargata inservible colgando de una mano y el olor nauseabundo penetrando en mis narices. Una ciudad tan linda… Tal vez yo podía colaborar para lograrlo. &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;De pronto sentí que la vergüenza y la bronca de hacía unos minutos se transformaban dentro de mi naturaleza de superhéroe y adquirían un aura brillante. Súbitamente sentía el impulso de ayudar al prójimo, de embellecer el lugar de todos, de soñar una ciudad libre de humo y un césped libre de estiércol. El sol ya casi se había escondido pero dentro de mí amanecía una nueva misión y con ella renacía mi espíritu de superhéroe. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Al día siguiente me desperté temprano y salí decidido a dar inicio a la misión que yo mismo me había asignado en mi nueva etapa de superhéroe autoconvocado. Descarté las alpargatas y elegí botas de goma, un mameluco color caqui muy apropiado para la ocasión, palita de plástico y un rollo de bolsas de nylon. Apenas crucé la calle ya tenía un muestrario de defecaciones para levantar. Comencé mi tarea orgulloso y feliz, silbando para exteriorizar mi alegría… que duró poco. Una viejita de aspecto dulce y mirar inquisitorio me preguntó sin decir ni hola: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- ¿A usted lo manda la municipalidad? Ya era hora de que alguien se hiciera cargo…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- No señora. Tenga Ud. buenos días y sepa que a partir de hoy hay un ciudadano que se ocupa de la limpieza sin pedir ni reclamar nada a cambio. Soy un servidor público ad honorem– rematé con una sonrisa ancha y reluciente.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Tenga Ud. buenos días caballero, pero permítame hacerle una pregunta: ¿Ud. es estúpido o se hace?. Sin ofender, claro. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Me quedé mudo, patitieso, con la palita llena de caca y los ojos a punto de lagrimear. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- No lo tome a mal, pero me parece que alguien se está aprovechando. ¿A quién se le ocurre salir a limpiar la merda, con perdón de la palabra, de los perros ajenos?. ¡¡¡Que salgan los dueños de los perros a limpiar!!! ¡¡¿¿Ahora yo tengo la culpa de que vengan a cagarme la vereda??!!-. Definitivamente había tocado una fibra sensible porque la dulce viejita había empezado a cambiar el color de la cara, los ojos se le habían inyectado en sangre y las venas del cuello parecían raíces de gomero–. ¡¡¡Habría que meterlos en cana a todos!!! A los perros, a los dueños de los perros y a los que pasean perros también!!!– se fue vociferando la viejita, blandiendo su bastón en tono amenazante. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Yo seguía con la palita en la mano y mi espíritu marchito. Medité unos segundos y comprendí que más allá del detalle de la ofuscación, la viejita tenía razón. Vacié la palita en el basurero más cercano (que estaba a dos cuadras) y volví a mi casa a recapacitar. En un par de horas tenía el nuevo plan en marcha: las bolsitas de nylon ahora tenían un bonito moño de color con un folletito explicativo sobre las virtudes de mantener la ciudad limpia, una reflexión sobre los derechos y obligaciones de las mascotas y sus dueños, y una pequeña exhortación (aunque amable) a levantar el “regalito que tu mascotita nos deja en el césped de todos”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Esta vez decidí tomar otro camino como para no repetir la mala experiencia de &lt;st1:personname productid="la mañana. Fui" st="on"&gt;la mañana. Fui&lt;/st1:personname&gt; por el sendero que va hacia el puerto y sentí una ráfaga de energía al ver una cantidad enorme de perros y dueños paseando por el lugar. Mi primera víctima fue una dulce niña adolescente que paseaba un caniche toy. Esperé agazapado detrás del palo borracho a que la mascota dejara la prueba del delito y me aparecí sorpresivamente al estilo de los mejores superhéroes: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- ¿No te parece que tu perrito se está olvidando de algo? – le dije en tono pedagógico al tiempo que le extendía el souvenir con bolsita y folleto explicativo. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;La nena se puso pálida del susto pero no alcancé a explicarle nada porque en un fugaz movimiento digno del mejor pistolero sacó un frasquito y me roció &lt;st1:personname productid="la cara. Alcancé" st="on"&gt;la cara. Alcancé&lt;/st1:personname&gt; a escuchar algo así como “vamos cachita, un violador, corramos”. Después me desvanecí.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Cuando me desperté había pasado el mediodía. Tardé unos segundos en reaccionar y recordar los hechos pasados y decidí que los niños de hoy cuentan con demasiada información y toman demasiadas decisiones. Preferí intentar con personas maduras. Me acerqué sigilosa pero sin ocultamientos a un señor de unos cuarenta años que paseaba un brillante espécimen de pelo largo y color cobre. Tenía aspecto de intelectual (el señor) y supuse que mi propuesta le interesaría. Me acerqué a su lado y esperé a que terminara de habar por celular para poder explicarle. Sin embargo, él apartó el aparato de su boca, me miró de reojo y me dijo sin más:&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- No tengo nada, ya le compré al pibe de las estampitas.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- No, no vendo nada, es una campaña de concientización sobre la suciedad que dejan nuestras mascotas (enfaticé el “nuestras” para que me sintiera uno de los suyos) en los espacios verdes. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Má que campaña, no me rompás las pelotas. ¿Para que pago mis impuestos? ¡¡Que venga y lo limpie otro!!! ¿Querés que te limpie el culo a vos, también?-. Volteó su cara hacia el perro color cobre que acababa de mear una placa de bronce de una estatua y le gritó: ¡"Fausto! ¡Rápido, acá!." Después le puso la correa y salieron decididos hacia la 4x4 que estaba estacionada sobre la línea amarilla. Me quedé otra vez estático, dudando de mi misión. ¿Tan equivocado estaba?&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Decidí hacer un intento más, aunque debo admitir que mi espíritu estaba vacilando. Esta vez me incliné por un joven sentado en un banco cerca de un perro de rasgos extraños, de ésos que parece que le estiraron la cara hacia atrás, de piel blanca y patas cortas. El joven leía un libro mientras miraba de a ratos al perro que correteaba a su alrededor. Cuando por fin el bicho hizo sus necesidades en el cantero de las margaritas, me acerqué al banco: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Buenas tardes amigo, soy un ciudadano como usted preocupado por el bien de todos. Me gustaría invitarlo a participar de una campaña de concientización sobre la suciedad e invitarlo a levantar lo que su mascota acaba de hacer. Para eso tenemos estas prácticas bolsitas junto a un folleto explicativo…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- ¿Qué mascota? ¿ese perro? No, no es mío. No sé de quién es…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Pero… recién usted le decía cosas…&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Sí… pero porque me gustan los animales, pero no, nada que ver. Buena onda la campaña, pero no tengo nada que ver- insistía mientras el can se acercaba meneando la cola en dirección al joven. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Bueh… –dije poco convencido-. Le dejo el folleto igual. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Me volví para seguir mi camino y apenas alcancé a escuchar una orden susurrada “Thor, ataque”. Dos segundos después el perro de la cara estirada estaba prendido a mi pantorrilla y el joven del libro se alejaba a carcajada limpia. Cuando estuvo del otro lado de la calle, silbó estruendosamente y el perro infame se soltó para ir a su encuentro, mientras su dueño me gritaba sin sonrojarse: “Andá a limpiarle la mierda a tu abuela”. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Las botas de goma me salvaron de la sangría, pero en cambio la bronca acumulada se inflamó en mí y me hizo exclamar, escupir casi, estas palabras mientras levantaba los brazos con mis puños cerrados al cielo: “C´est inconcebible”. Apenas advertí mi acento francés que aparece en los momentos de ira. Sólo supe que mi espíritu de servicio se había transformado en un deseo de lisa y llana venganza.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-family:verdana;" &gt;[continuará]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8354944451153041291-1840860451847748444?l=artodtoddo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://artodtoddo.blogspot.com/feeds/1840860451847748444/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8354944451153041291&amp;postID=1840860451847748444' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/1840860451847748444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/1840860451847748444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://artodtoddo.blogspot.com/2008/08/captulo-3-qu-suerte-ni-que-ocho-cuartos.html' title='Capítulo 3 – Qué suerte ni qué ocho cuartos.'/><author><name>Marisali</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15683264906343865593</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_pLA4HvKK9DU/R5KvfUxsfKI/AAAAAAAAAAc/OlxH6Y7tsNQ/S220/DSC00548.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8354944451153041291.post-853250590399960064</id><published>2008-07-23T21:06:00.003-03:00</published><updated>2008-10-13T23:53:25.412-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superhéroe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ombudsman'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superpoderes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='convivencia ciudadana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rosario'/><title type='text'>Capítulo 2 – La misión</title><content type='html'>&lt;meta equiv="Content-Type" content="text/html; charset=utf-8"&gt;&lt;meta name="ProgId" content="Word.Document"&gt;&lt;meta name="Generator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;meta name="Originator" content="Microsoft Word 11"&gt;&lt;link rel="File-List" href="file:///C:%5CDOCUME%7E1%5CUser%5CCONFIG%7E1%5CTemp%5Cmsohtml1%5C01%5Cclip_filelist.xml"&gt;&lt;o:smarttagtype namespaceuri="urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" name="PersonName"&gt;&lt;/o:smarttagtype&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt; 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Mi formación había sido muy poco convencional y estrictamente ceñida a los parámetros de los seres sobrenaturales. Nada de matemática, lengua y esas asignaturas inútiles; nuestras materias eran “Desempeño ante la adversidad”, “Uso y abuso de los superpoderes”, “Semántica onomatopéyica” y cosas así. No estaba preparado para vivir como un ciudadano común y corriente. Pero tarde o temprano a todos nos llega el turno de adentrarnos en lo inesperado. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Hasta no hace mucho tiempo yo formaba parte de la corporación internacional “Superhéroes Sin Fronteras”, con sede en Noruega, a la que estaba afiliado y gracias a la cual cobraba un sueldo fijo más comisiones de acuerdo al riesgo de &lt;st1:personname productid="la misión. Siempre" st="on"&gt;la misión. Siempre&lt;/st1:personname&gt; al servicio del bien y enfrentando el mal. Nunca lo habría imaginado, pero también la corporación sucumbió al poder delirante de las multinacionales y fue adquirida a un precio irrisorio por una cadena de hamburguesas liderada por un payaso que nos utiliza como mano de obra barata para su beneficio propio. Ya pueden imaginarlo: delivery boys que aterrizan en las azoteas, nuestras superchicas utilizadas para animar a niños y adultos en fiestas infantiles, slógans publicitarios con mi amigo Flash Gordon (hoy reducido a “Flash Gordo”) destacando las bondades de &lt;st1:personname productid="la Super Hamburguer" st="on"&gt;la Super Hamburguer&lt;/st1:personname&gt; y nuestros mejores cerebros con poderes anticipatorios explotados para que la empresa pueda adelantarse a sus competidores. Superhéroes rebajados a una simple estrategia de marketing. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Yo no tuve el decoro para renunciar, que es lo que debí haber hecho. Crecí abrigado por las consignas rebeldes del Mayo Francés y esta realidad se me tornó inaceptable. Pero nunca fui otra cosa que superhéroe y no imaginaba una vida fuera de &lt;st1:personname productid="la corporación. De" st="on"&gt;la corporación. De&lt;/st1:personname&gt; todos modos, ellos decidieron por mí. No me despidieron, porque habría sido una afrenta a mi ilustre familia, pero tácitamente prescindieron de mí porque me consideraron viejo y poco “cool”. Sólo dijeron: &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;- Cualquier cosa lo contactamos, tenemos su email. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Pero a mi casilla nunca llegó otra cosa que spams y powerpoints con frases hechas, fotos robadas y música de mal gusto. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Imaginen el cuadro en que me encontraba. Mejor guarden la imaginación para cosas más importantes. Les describo el cuadro: un departamento con vista el río, piso 12 (nunca pude quejarme de mi sueldo), la llovizna cayendo silenciosa, la soledad inundando el ambiente, la lluvia inundando la pantalla del televisor (se había cortado el cable) y yo desparramado en mi sillón, en mi habitual traje de neoprene color azul eléctrico (hay que ser superhéroe para soportarlo en esta ciudad en pleno verano) con el cierre abierto (sólo un superhéroe en buen estado físico puede tolerarlo cerrado). Tal vez no fui muy explícito, porque la descripción no es mi fuerte: esta devastado. Lo que hasta entonces consideraba como un universo de infinitas posibilidades había terminado en un packaging de cartón envolviendo frituras. Ya no encontraba un sentido a mi vida, ya nadie me ordenaba salvar al mundo y súbitamente no supe cuál era mi misión en &lt;st1:personname productid="la tierra. Decidí" st="on"&gt;la tierra. Decidí&lt;/st1:personname&gt; salir a caminar para respirar un poco de aire (del poco aire respirable en medio del humo de las islas) para despejar mi mente y aclarar mis ideas. Me eché el sobretodo encima para ocultar mi súper traje, tapé lo que se veía de las calzas con unas polainas grises y me calcé las alpargatas de cuero de carpincho que alguna vez me regalara Súper Hijitus. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;Bajé por las escaleras, salí a la calle y tomé por el camino del parque que recorre la costanera del río. Trataba de liberarme de las ideas depresivas que me atacaban desde hacía tiempo y ansiaba encontrar alguna respuesta clara a tantas preguntas. Lo que no sabía era que la respuesta no estaría en mi cabeza sino en mis pies…&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;[continuará]&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/u&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8354944451153041291-853250590399960064?l=artodtoddo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://artodtoddo.blogspot.com/feeds/853250590399960064/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8354944451153041291&amp;postID=853250590399960064' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/853250590399960064'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/853250590399960064'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://artodtoddo.blogspot.com/2008/07/captulo-2-la-misin.html' title='Capítulo 2 – La misión'/><author><name>Marisali</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15683264906343865593</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_pLA4HvKK9DU/R5KvfUxsfKI/AAAAAAAAAAc/OlxH6Y7tsNQ/S220/DSC00548.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8354944451153041291.post-3942799705930930404</id><published>2008-07-14T23:28:00.005-03:00</published><updated>2008-10-13T23:51:29.029-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superhéroe'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ciudad'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ombudsman'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='superpoderes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='convivencia ciudadana'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Rosario'/><title type='text'>Capítulo 1 – Presentación</title><content type='html'>&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: verdana;"&gt;Permítanme presentarme: soy un caballero y no veo de buen modo ponerse a discurrir a tontas y a locas sin que tengan al menos algunas pistas acerca de mi persona.   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Soy Monsieur Arto D’Toddo. Soy un superhéroe y soy absolutamente consciente de la suspicacia que esta afirmación despierta en todos ustedes. Pero ésa es la verdad, por lo menos mi verdad. Junto a mis antepasados hemos dado vida al gran muestrario de superpoderes al servicio del mundo. Tengo lazos directos con Batman (aunque no así con Robin), con Súperman y hasta con el mismísimo Spiderman. La mujer maravilla y la mujer biónica fueron primas hermanas de mi madre (a quien no puedo nombrar aquí con su verdadera identidad pues rompería los códigos superheroicos). Y hasta puedo asegurar que el Chapulín Colorado se encuentra en alguna de las ramas de mi árbol genealógico. Claro que todas estas afirmaciones también provocaron no pocas muestras de incredulidad. Hasta he tenido que soportar que me llamaran &lt;st1:personname productid="la “Leevon Kennedy" st="on"&gt;la “Leevon Kennedy&lt;/st1:personname&gt; en calzoncillos largos” (recordarán: aquella agraciada dama que dice ser hija de &lt;st1:personname productid="la bella Marilyn" st="on"&gt;la bella Marilyn&lt;/st1:personname&gt;).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Heredé de todos ellos (los superhéroes antes mencionados) la vocación de servicio a la comunidad aunque por alguna razón que aún no he podido confirmar (y que mi madre me ocultó hasta el día de su muerte; sí, también nosotros tenemos un final…) mis lazos sanguíneos no son del todo puros. Con todo el dolor del alma (sí, nosotros también tenemos alma) tuve que admitir que mamá no fue por completo fiel a papá y tuvo trato carnal con un ser humano común y corriente. Sospecho que es por eso que no supe cuál era mi verdadera misión en la vida sino hasta bien entrados mis 30 y que sufrí muchas crisis vocacionales que ni siquiera los psicólogos más empapados en la idiosincracia superheroica pudieron remontar. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Y supongo que es también por eso que mis superpoderes a veces me fallan. Mi tía Cybersix, ya viejita, siempre me dice que es porque no pongo suficiente empeño. Pero no es verdad, yo dejo mi vida en cada misión. Es la coyuntura la que no me acompaña. Es que no termino de acostumbrarme a este país tan particular. No soy, como muchos de ustedes pueden suponer, un producto del imperio norteamericano. Nací en París, al arrullo de ese dulce idioma de erres arrastradas y labios fruncidos. Y aunque he viajado por todo el mundo, nunca pude dejar atrás ese sello distintivo del país que cobijó a Montesquieu, Flaubert, Aznavour y D’Artagnan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Pero me estoy yendo por las ramas. Aún no saben nada de mis heroicas misiones y ésa es la idea de estos relatos. Día a día la ciudad me enfrenta a un dilema que es el mismo que ustedes, ciudadanos cualunques, también enfrentan. Sólo que yo cuento con la fuerza arrolladora de mi naturaleza justiciera, una irrefrenable sed de imponer el orden y la convicción de que aún los seres más intolerantes (e intolerables) pueden aportar su granito de arena a &lt;st1:personname productid="la sociedad. Y" st="on"&gt;la sociedad. Y&lt;/st1:personname&gt;&lt;st1:personname productid="la suciedad. Justamente" st="on"&gt;la suciedad. Justamente&lt;/st1:personname&gt; de eso quería hablarles…&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;[continuará]&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8354944451153041291-3942799705930930404?l=artodtoddo.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://artodtoddo.blogspot.com/feeds/3942799705930930404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8354944451153041291&amp;postID=3942799705930930404' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/3942799705930930404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8354944451153041291/posts/default/3942799705930930404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://artodtoddo.blogspot.com/2008/07/1-presentacin.html' title='Capítulo 1 – Presentación'/><author><name>Marisali</name><uri>http://www.blogger.com/profile/15683264906343865593</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://bp1.blogger.com/_pLA4HvKK9DU/R5KvfUxsfKI/AAAAAAAAAAc/OlxH6Y7tsNQ/S220/DSC00548.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
